Unbreakable

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.  Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.  Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. 
Cn 13, 11.12.13

Guardia.
La mujer que nos recibe en la guardia tras el vidrio de reflejos oscuros que viene a recordarnos quiénes somos y por qué estamos ahí, a esa hora con la metálica voz del micrófono. La madre que protesta y no encuentra las razones del dolor de su espalda y los estudios y sus reclamos y sus quejas y apenas se tiene en pie. El hombre que sigue cómo su mujer sale del cuarto de emergencias en una camilla, y aún desconoce que en unos minutos hará el peor trámite, de manera mecánica, ausente, perdida, que nos recuerda cómo estábamos en el momento en que nos sucedió aquello.
Ahí estamos, con dolor, en ningún lugar. Las sillas desvencijadas, el televisor en un programa inútil, la máquina de café que chorrea, los camilleros de emergencias, los médicos con distintas batas, el personal que limpia y los que entran a esa hora que no es hora ninguna. La anciana con sus ropas tan bellas, tratando con lo último de no perder su dignidad cuando la revisan: el hijo en traje que exige que le digan lo que nadie le dice. El anciano que cayó en la calle y que le hace bromas al camillero que no lo escucha y luego dormita y la hija lo despierta para que hable con ella. El hombre al que trae su esposa y que cree que aún está en el living de su casa y no reconoce los tubos indiferentes del techo, ni las señales de los consultorios y los guardapolvos y al que su desorientación le permite sonreír.

En El Protegido (1), Elijah, (Samuel L Jackson) tiene los huesos de cristal, y cree que si existe alguien tan frágil como él en el universo por oposición debe haber alguien que sea imposible de romper.
En La Escafandra y la Mariposa (2), el editor de Elle tiene su vida en las manos de quienes lo bañan y lo llevan al sol a la tarde, en una silla y escribe al parpadear.
Somos  tan frágiles, y podemos tan poco.
El hombre tiene a su hijo en una silla y espera la internación. Luego sabré que el chico, tan joven que no controla su cuerpo no puede sino ponerse peor de una manera inevitable. El padre no sabe qué pasará luego que lo trasfundan.
El padre está en la espera entre esas esos cuerpos que esperan los problemas urgentes y accidentales de las guardias; las salas de las guardias de los hospitales y las clínicas no tienen horas, como si el tiempo se detuviera en secreto, ya que a veces no somos más que placas de rayos equis, papeles y fichas y analgésicos.
El padre mira a su hijo y acomoda la silla de ruedas en donde no moleste. Le sostiene el suero, sabiendo que lo que pasará no es otra cosa más que el deterioro: le pone una gorrita a su hijo, a su pequeño hijo que no puede cesar de moverse, entre tantas historias de camillas y salas y lo mira mientras espera, como si su hijo fuera la única cosa en el mundo: sigue con la mirada los esquivos ojos del hijo, lo sigue con la vista de halo protector, como si el amor existiera, como un perro sigue con la vista al dueño de su corazòn, como si el amor fuera una corriente eléctrica a través de lo que se ve, una mirada de roca indestructible.

Roberto Camarra

(1).- El Protegido. (Unbreakable, USA, 2000).Dirigida por M. Night Shyamalan.  Con Samuel L. Jackson y Bruce Willis.
(2).- La Escafandra y la Mariposa. (Le scaphandre et le papillon, Francia, 2007) Dirigida por Julián Schnable. Con Mathieu Amalric y Emmanuelle Seigner.



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