INDESTRUCTIBLE

Hàblele mucho, hable con ella, le dice el enfermero Benigno, (Javier Cámara) a la familia que desespera que Alicia regrese del sueño imprevisible, internada en coma en el hospital, En “Hable con Ella”, de Pedro Almodóvar. (1)

Mi tío está ahí, debajo de su cuerpo enorme al que la cama de terapia intensiva le queda chica. Cuando le hablan mira pero no ve. Intenta hablar y parece reaccionar cuando le mencionan las palabras “comida” o “San Lorenzo” o la frase “volver a casa”.
Mi dos primos son dos las dos caras de lo inevitable: el pesimista, que piensa lo peor, como si algo pequeño y distinto lo cambiara todo, y el optimista que sabe y piensa posibilidades con la consciencia de que no ocurrirán mientras me cuenta desde su vida de camillero de ambulancias lo cruel que pueden ser los otros, los médicos, nosotros, todos, con los que son viejos y ya no tienen control sobre su cuerpo.
¿Qué hay ahí adentro, de lo que nosotros vemos? ¿Qué hay ahí, en la cabeza, entre la sangre que no se reabsorve : en qué parte está la vista, el habla, el movimiento?
En qué parte está el alma, le pregunta Rantés, (Hugo Soto), al Doctor Julio Denis (Lorenzo Quinteros), diseccionando un cerebro en una mesa en el siquiátrico, mientras el médico lo mira azorado, como se ve a alguien que viene de las estrellas, en “Hombre Mirando al Sudeste” de Eliseo Subiela.

Cuando regreso de la clínica a la que una amiga me acompañó, hay un hombre sin rostro en el 29. Tal vez por un accidente o un injerto: el hombre es mayor, pero parece ágil y feliz. Intento, pero no puedo evitar mirarlo. Vestido con un saco verde y una corbata con flores, le ofrece el asiento a una monja y cuando queda de pie,  dos chicas pretenden que se siente, pero sin pedírselo a la cara. Se ríe y agradece pero se queda de pie. Está feliz, les dice, y se ríe, porque va al Colón en la primera tarde del domingo.
Hay gente que es gloriosa, me dice mi amiga, mientras en Buenos Aires parece que nunca parará de llover. A la noche, veo un recital de Rag Time en el recoleta, en el que los músicos, que se parecen a un predicador del medio oeste, a un abuelito piola, a mi ex profesora de latín, tocan los pianos y la batería con canciones de New Órleans y hacen que el público de viejos baile mientras pienso en el río Mississippi y en el huracán Katrina y en el río Luján y en las calles de la ciudad cuando parece como si el cielo se fuera a deshacer en agua sobre nosotros.
Al ver a mi tío en la cama recuerdo que mi papá me contó que una vez tocó Pugliese en un Club de Barrio. Mi papá no sabía que mi mamá esa noche estaba en el club, no sabía que se casarían y tendrían hijos y cuando me lo contaba desconocía que enfermaría y que mi mamá lo cuidaría, todos los días, todas las horas de su enfermedad. Mi Papá recordaba que a un joven alto había querido golpearlo una banda de malevos. Recordaba la trifulca, recordaba como los músicos de Pugliese se subían a las sillas sin dejar de tocar los bandoneones para ver mejor la pelea en que el hombre alto se defendía y los malevos caían por las escaleras. Mi papá contaba que entonces, tiempo antes de conocer a mi mamá, no sabía que ése hombre era mi tío.
Como si escuchara las palabras del enfermero de la película de Almodóvar, mi tía le habla a mi tío que se mueve inquieto en la cama de la terapia intensiva, en el pequeño instante de la visita, le habla: amorosa, decidida, indestructiblemente.
Más tarde en el colectivo veré que mi amiga lee un libro amarillo y húmedo que quedó marcado en ciertas páginas por su abuela que era profesora de inglés.
Ahí dice, en una página de un colectivo empañado que atraviesa una ciudad inundada:
“tu cuerpo es abril para mí
en cuyas axilas está el arribo de la primavera”
El libro es de E.E Cummings, y tiene una poesía que aparece en una película que se llama“In Her Shoes”, de Curtis Hanson,  en la cual un profesor internado en un hospital le enseña una poesía a Maggie (Cameron Díaz), a la que parece perseguir una tormenta de dificultades.
La poesía dice así:
Llevo tu corazón conmigo, lo llevo en mi corazón. Nunca estoy sin él donde quiera que voy, vas tú amada mía, y lo que sea que yo haga es tu obra. No temo al destino, ya que tu eres mi destino. No quiero ningún mundo, porque tu eres mi mundo, mi certeza. Y eso es lo que eres tú. Lo que sea que una luna siempre pretendió, lo que sea que un sol quiera ser. Este es el secreto más profundo que nadie conoce. Esta es la raíz de la raíz,  el brote del brote,  el cielo del cielo de un árbol llamado vida, que crece más alto de lo que el alma puede esperar o la mente ocultar. Es la maravilla que mantiene a las estrellas separadas. Llevo tu corazón. Lo llevo en mi corazón.

Roberto Camarra, noviembre de 2014.
  1. HABLE CON ELLA.  (España, 2002) Dirigida por Pedro Almodóvar. Con Javier Cámara, Leonor Watling y Darío Grandinetti.
  2. HOMBRE MIRANDO AL SUDESTE. (Argentina, 1986). Dirigida por Eliseo Subiela. Con Lorenzo Quinteros y Hugo Soto.
  3. IN HER SHOES. (Estados Unidos, 2005). Dirigida por Curtis Hanson. Con Cameron Díaz y Tony Colette.



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