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Cómo juegan los gauchos

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¿Por qué jugamos si un mundial es una cueva de ladrones y caen bombas por aquí y allá y las cosas son tan tristes y terribles? ¿Por qué jugamos? Cuando somos pibitos todo es juego; lo demás es superficial, lejano, ajeno, juegos de grandes que regalan su tiempo por papelitos de colores, juegos que los hacen tristes, encorvados, vencidos. Pero aunque crezcamos siempre intentamos jugar. Jugamos para recuperar el territorio de la infancia, en el que los malos y los buenos son tan fácilmente discernibles, en dónde nadie deja a un amigo en la estacada y en dónde nadie está contento si los suyos pierden. Jugamos porque en ese tiempo uno da la vida por su puesto, porque cada uno se acomoda a lo que puede, pero cuando juega aprende y el juego es alegría. Como me enseñaron algunos muy buenos profesores de educación física: jugamos en el espacio, jugamos en el tiempo, jugamos contra otros y con el otro, y sobre todo jugamos contra nosotros y a favor de nosotros. Jugamos a pesar y graci...

Verano

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Cuando era chico, en los veranos, con mi padre y mi hermano, lo primero que hacíamos al llegar a la ciudad era competir entre nosotros en una carrera por la rambla. Entonces la rambla y los edificios eran pintorescos y no lo que se convirtieron luego y en lo que después se transformaron tantas cosas. Corríamos de punta a punta de la rambla, descalzos con el mar de fondo. Mi padre siempre nos ganaba. Año a año, eran menores las distancias que nos separaban. Un verano, recuerdo la llegada imaginaria al fin del Provincial como si fuera hoy,le gané a mi padre. Entonces yo ya era muy veloz, y lo hubiese sido más, si  no hubiera sido por el accidente en el que casi pierdo un pie. Recuerdo que mi padre me miró, sonriendo y sin aire. También creo que estaba triste, porque entendió que en algún momento dejamos de ser los más veloces, que el tiempo se agita en nuestros ojos, y que la juventud se escapa en los veranos, como las vacaciones en las que somos felices. Muchos años después...